El gesto de encender el ordenador al llegar al trabajo se ha
convertido en imprescindible para una gran parte de los españoles que, de
media, pasan unas cuatro horas de su jornada laboral frente a una pantalla, sin
contar el tiempo que usan su ordenador personal, la tablet o el smartphone. El
uso de estos dispositivos, que han simplificado muchas tareas, puede provocar
algún que otro inconveniente, especialmente cuando hablamos de nuestros ojos,
que pueden verse afectados por lo que se conoce como “fatiga visual”.
El ordenador en sí no es el causante de la fatiga visual,
los problemas pueden surgir cuando no lo usamos correctamente o cuando lo
usamos en exceso. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), una
persona que trabaja en una empresa de seguros pasa más de cinco horas delante
de la pantalla del ordenador, un periodista más de seis, mientras que en un
administrativo lo usará más de cuatro. “Este abuso obliga al ojo a realizar un
sobresfuerzo, en concreto fatiga al músculo ciliar, que se encuentra en el
interior del ojo y es el encargado de “presionar” al cristalino para enfocar
las imágenes”, señala el Dr. Manuel de la Iglesia, oftalmólogo de Clínica
Baviera Barcelona. Cuando esta “presión” sobre el cristalino se prolonga en el
tiempo al trabajar frente al ordenador, al leer durante horas, al realizar
actividades que conllevan un alto grado de concentración (por ejemplo,
conducir), cuando estamos expuestos a una luz brillante o cuando nos esforzamos
para trabajar en un lugar con una iluminación insuficiente, entre otras
situaciones, se produce fatiga visual.
“La fatiga visual genera unos síntomas que, por lógica,
asociamos con el sobresfuerzo de la vista y la falta de descanso, aunque son
molestias que también pueden tener como causa otros problemas. Por eso, si se
prolongan en el tiempo debemos consultar con nuestro médico especialista”,
señala el especialista de Clínica Baviera Barcelona.
La fatiga visual suele provocar:
Visión borrosa y, en ocasiones, visión doble.
Dolor de cabeza. Suele ser leve y se localiza en las sienes.
Lagrimeo excesivo de uno o de los dos ojos.
Sequedad ocular.
Picor y quemazón ocular.
Molestias en los ojos al exponerse a la luz.
Problemas para enfocar de forma inmediata.
Ojos rojos.
Puede resultar paradójico, pero existen una serie de
ejercicios con los que podemos favorecer el descanso de nuestros ojos:
Sentado y sin mover la cabeza, mira hacia la derecha y hacia
la izquierda durante unos segundos.
Parpadea de forma frecuente para evitar la sequedad ocular.
No nos solemos dar cuenta, pero cuando estamos concentrados parpadeamos muy
poco y nuestros ojos se resienten.
Cada media hora descansa la vista mirando a lo lejos durante
un par de minutos.

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