El ojo y la cámara

Desde que en el siglo XV Leonardo da Vinci estableciese las bases de lo que era una cámara oscura, se ha seguido el mismo proceso físico para elaborar instrumentos ópticos consistentes en obtener una imagen procedente del exterior. El invento consistía en una habitación totalmente oscura con un pequeño orificio en una de sus paredes, esto provocaba que la imagen exterior se plasmase en su interior de forma invertida. Ese es el mismo concepto que servirá para explicar otros procesos, desde cómo funciona una cámara, hasta cómo lo hace nuestro propio ojo.

De entrada, debemos decir que en muchas ocasiones las comparaciones siempre son un tanto desacertadas. Se intentan equiparar dos productos tomando como referente unos números sin quizá tener en cuenta otros factores. Lo mismo pasa con nuestro ojo y una cámara de fotos, intentar asemejarlos es una auténtica locura. Aunque es cierto que podemos señalar algunos puntos en común, las diferencias son abismales.

El ojo humano es mucho más perfecto, y los procesos que sigue para generar una imagen son diferentes a los que se podrían señalar en una cámara de fotos. Sin embargo, la raíz de todo se encuentra en el invento que anteriormente hemos señalado, el de la cámara oscura.
Empecemos hablando de cómo el ojo genera la imagen en nuestro cerebro. De un modo básico, podríamos decir que los rayos de luces atraviesan nuestra pupila, posteriormente cruzan por el cristalino, llegan la retina, y por último se envían las señales eléctricas a nuestro cerebro.

Por otro lado, en una cámara la luz debe traspasar por el diafragma, más tarde deberá superar todos aquellos cristales de los que se componga la lente, hasta llegar el CCD donde se forma la imagen, el cuál enviará la información al procesador.

Si lo comparamos, sobre el papel es un proceso bastante similar. Es decir, muchas de las partes de una cámara actúan de forma muy parecida a cómo podrían hacerlo las correspondientes a la anatomía de nuestro ojo. Sin embargo, esta explicación consiste en reducir el funcionamiento del órgano visual humano a su máxima expresión. Las capas del glóbulo ocular son mucho más complejas de lo que pueden parecer. Pero sí, si tenemos esta versión simplista, el ojo y una cámara pueden llegar a trabajar de una forma bastante parecida.
Lo cierto es que se trata de un punto demasiado amplio como para abarcarlo, son muchas las diferencias entre el ojo humano y una cámara. Para empezar, como mi compañera Gabriela señaló en Think Big, calcular la resolución del ojo es una tarea algo complicada. Nuestra imagen no es fija, sino que varía creando distintos campos de visión con diferentes grados de inclinación. En este sentido, el glóbulo ocular se podría asemejar mucho más a una cámara de video, la cual se encuentra constantemente grabando aquello que posteriormente envía al CCD.

Sin embargo, si tuviésemos que establecer una cifra, se calcula que nuestro ojo tendría una resolución aproximada de unos 576 megapíxeles. Todo ello teniendo en cuenta los múltiples movimientos y ángulos a los que éstos pueden dirigirse.


Asimismo, algo parecido ocurre con el rango dinámico. Mientras que con la cámara solo podemos utilizar un tipo de exposición para una determinada zona, el órgano visual interpreta los diferentes espacios de una escena para evaluar una luminosidad adecuada (y no, no es comparable a una medición matricial). Las células conocidas como bastones son las encargadas de adaptarse según la luz de aquello que estemos viendo, 100 millones de ellos son los encargados de que nuestro rango dinámico sea infinitamente superior que el de una cámara.

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